Capítulo 3: Empiezan los cambios
Por fin acabaron los
carnavales, 5 interminables días sin ver a ninguno de mis amigos. Pero
por desgracia tenía que ir a coger mis notas y ver a todos esas personas que había
dejado atrás.
Ya en la clase, me sentaba cerca
de pilar, y después de cruzarnos varias miradas, acabo la clase, y ella
vino rápidamente a donde mi mesa con esa sonrisa infantil.
- ¿Has leído la carta?
-Si
-¿Quieres que luego quedemos y
hablamos?
-Me da igual. No creo que te tenga
que decir nada.
-Ya pero nosotras sí.
-¿Que me pretendéis decirme? que lo sentís,
que no lo sabíais. Eso no me sirve.
- puede que no te sirva pero que
podemos hacer, tampoco es el final.
- no todo el mundo es como tu
Pilar.
Me di cuenta que ya no
había nadie en clase. Miré la hora y eran las dos y cuarto y a estas horas las
clases estarían cerradas. Fui rápidamente a la puerta y
como suponía, estaba cerrada.
- Dijo pilar preocupada- ¿Qué pasa?
- Que
estamos aquí encerrados, eso es lo que pasa.
Pilar se empezó a reír
bruscamente. ella no se preocupaba de nada, aunque el baloncesto era una
excepción.
- No me río.
Ella seguía riéndose y
yo no lo podía aguantar. La risa era muy contagiosa y yo me empecé a reír.
- No ves, seguimos igual que siempre
a pesar de todo.
- ¿A qué te refieres?
- Que siempre nos seguiremos riendo
de todo, que esto es otro bache como otro cualquiera. No vamos a
cambiar por esas cosas.
- Te equivocas. Ahora, no soy el
chico solitario. He madurado, ya no sufro por esos baches
que teníamos.
- ¿Porque lo dices como si
nunca volverá a pasar?
- Porque, esto no volverá a pasar.
Lo sé
Quedó un silencio, pero
sin saber por qué, nos volvimos a reír. Parecía mentira que Pi me
dijera esas cosas. Ella es una chica muy orgullosa y que siempre piensa
"que venga el", "la culpa la tienes tu". Pero
yo también me comportaba de diferente manera. Yo siempre lloraba y
pensaba demasiado en todo. Parecíamos personas diferentes.
- Voy ha llamar a portería.
- Si, porque no creo que
duremos aquí hasta mañana.- dije con ironía-.
Mientras ella llamaba
a rocío, la recepcionista, yo estaba cogiendo nuestras chaquetas, mochilas y
las llaves de las taquillas.
Cuando por
fin salimos de la claustrofóbica clase, cada uno nos fuimos a
nuestras respectivas casas y nos dijimos que mañana quedaríamos. Pero el
problema no había acabado, les quería decirles varias cosas a Sonia,
Patricia y a María, aunque no podía ser tan fácil. Al hablar de
cosas serias, son insufriblemente inmaduras.
Estaba justo en
casa cuando alguien gritó mi nombre por atrás. Y como no, era la persona que
menos imaginé ver en ese momento.
Muy muy muy bonito, me encanta :D
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