sábado, 11 de febrero de 2012


Capítulo 3: Empiezan los cambios
  
  Por fin acabaron los carnavales, 5 interminables días sin ver a ninguno de  mis amigos.  Pero por desgracia tenía que ir a coger mis notas y ver a todos esas personas que había dejado atrás.
  Ya en la clase, me sentaba cerca de pilar, y después de cruzarnos varias miradas, acabo la clase, y ella vino rápidamente a donde mi mesa con esa sonrisa infantil.
- ¿Has leído la carta?
-Si
-¿Quieres que luego quedemos y hablamos?
-Me da igual. No creo que te tenga que decir nada. 
-Ya pero nosotras sí.
-¿Que me pretendéis decirme? que lo sentís, que no lo sabíais. Eso no me sirve.
- puede que no te sirva pero que podemos hacer, tampoco es el final.
- no todo el mundo es como tu Pilar. 
    Me di cuenta que ya no había nadie en clase. Miré la hora y eran las dos y cuarto y a estas horas las clases estarían cerradas. Fui rápidamente a la puerta y como suponía, estaba cerrada. 
- Dijo pilar preocupada- ¿Qué pasa?
- Que estamos aquí encerrados, eso es lo que pasa.
    Pilar se empezó a reír bruscamente. ella no se preocupaba de nada, aunque el baloncesto era una excepción.
- No me río.
    Ella seguía riéndose y yo no lo podía aguantar. La risa era muy contagiosa y yo me empecé a reír.
- No ves, seguimos igual que siempre a pesar de todo.
- ¿A qué te refieres? 
- Que siempre nos seguiremos riendo de todo, que esto es otro bache como otro cualquiera. No vamos a cambiar por esas cosas.
- Te equivocas. Ahora, no soy el chico solitario. He madurado, ya no sufro por esos baches que teníamos. 
- ¿Porque lo dices como si nunca volverá a pasar?
- Porque, esto no volverá a pasar. Lo sé 
   Quedó un silencio, pero sin saber por qué, nos volvimos a reír. Parecía mentira que Pi me dijera esas cosas. Ella es una chica muy orgullosa y que siempre piensa "que venga el", "la culpa la tienes tu". Pero yo también me comportaba de diferente manera. Yo siempre lloraba y pensaba demasiado en todo. Parecíamos personas diferentes.
- Voy ha llamar a portería.
- Si, porque no creo que duremos aquí hasta mañana.- dije con ironía-.
    Mientras ella llamaba a rocío, la recepcionista, yo estaba cogiendo nuestras chaquetas, mochilas y las llaves de las taquillas. 

    Cuando por fin salimos de la claustrofóbica clase, cada uno nos fuimos a nuestras respectivas casas y nos dijimos que mañana quedaríamos. Pero el problema no había acabado, les quería decirles varias cosas a Sonia, Patricia y a María, aunque no podía ser tan fácil. Al hablar de cosas serias, son insufriblemente inmaduras.

    Estaba justo  en casa cuando alguien gritó mi nombre por atrás. Y como no, era la persona que menos imaginé ver en ese momento.

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